EL PRINCIPIO

Todo empezó hace mucho, mucho tiempo.

Al principio, no había nada.

Ni luz, ni agua, ni árboles, ni casas, ni niños, ni suegras... En fin, nada.

Bueno, quizá sí que había algo. Más de dos dicen que allí, omnipresente y omnipotente, estaba Dios. O Jehová. O Alá. O Manitú. O quien quiera que se llame como quiera. Y es fácil de entender que, sin nada ni nadie con los que entretenerse, este Ser Supremo se aburriese soberanamente.

Total que, un día, harto de no dar palo al agua, se decidió a crear el Mundo. Se dijo: "Voy a crear un Universo".

Y lo creó, pues para eso era el Jefe.

Montó un Big Bang espeluznante y, entre explosiones de estrellas y lanzamientos de cometas, apareció algún que otro planeta habitable lo cual fue su perdición porque desde entonces se le acumula la faena. Y de qué manera.

La vida, como sabéis, se desarrolló dentro del mar. En el agua salada, caldeada por una tierra ardiente, proliferaron un montón de bichos a cual más feo y extraño que, en cuanto sintieron el primer hálito de vida, empezaron inmediatamente a comerse entre sí.

Todo iba bien mientras el pez grande se comía al chico pero los verdaderos problemas comenzaron cuando a una de estas alimañas -una especie de culebrilla- se le ocurrió salir del agua para tomar el sol tumbada en la arena de la playa.

Como veis y aunque os parezca mentira, descendemos directamente de una especie de dominguero amante de las playas y del sol.

Aquella playa fue enseguida un hervidero de culebrillas que, naturalmente, medio se asfixiaban nada más salir del agua. Pero aún así las obstinadas criaturas insistían y, en cuanto un rayo de sol se filtraba entre las nubes, huían del mar amontonándose y peleándose por un huequecito donde tostarse al Sol: Está clarísimo que descendemos de un bicho dominguero amante de las playas, el sol y los atascos.

No fue sencillo. Desde luego. Pasaron millones de años hasta que estas criaturas se desarrollaron lo suficiente como para respirar en la superficie. Después, les crecieron patitas, colita, escamas, pelo, plumas, pico... En fin, no se cómo, pero al cabo de un tiempo la Tierra estaba infestada de tal cantidad de bestias que no podías dar un paso sin que te comiese un tigre Dientes de Sable o te pisotease un mamut.

Toda esta evolución, por lo visto, estuvo salpicada de pequeñas mutaciones. La Tierra, por aquel entonces estaba jotera y en la atmósfera había una fiesta continua de isótopos: uno aquí, otro allá, hicieron posible acelerar la adaptación de las diferentes especies al medio ambiente. Medio ambiente que, por otra parte y por aquel entonces, era más entero que medio pues tenía hasta su capa de ozono y todo.

Pues bien, la mutación más espectacular de la Historia, la primera, la que produjo los cambios más radicales, el origen de todo este follón que ahora tenemos, la sufrió en sus carnes una especie de mono antepasado mío.

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