ME DOLÍA LA ESPALDA...

(...y me metí a puto)

Resulta que por aquí todo sigue igual: el jefe igual de pelma, los compañeros igual de impresentables, el tiempo cojonudo, la familia bien (gracias) y yo con este jodido dolor de espalda que me tiene martirizado y no me deja menearme.

Pues bien, como me han prohibido hacer deporte y tengo tiempo libre por las tardes me he buscado algo en que entre-tenerme: me he metido a puto. ¿De qué te ríes?. Pues no le veo la gracia. Me parece un oficio honrado y nada desdeñable. Lo que pasa es que la gente es una estrecha y está cargada de tonterías.

Todo empezó por una vecina. De cincuenta años. La verdad es que ya hacía tiempo que yo veía que me miraba con ojos golositos y, de vez en cuando, me decía "anda Manolo, ¿por qué no vienes a arreglarme las cañerías?". Yo siempre usaba la misma excusa: "Lo siento Mari Luz pero es que no tengo tiempo". Pero ya sabes que a mí no me gusta mentir y resulta que ahora no hago más que rascarme los cojones. Pues bien, no hace mucho entré, por fin, en su casa dispuesto a hacer la buena obra del día. El resultado fue que me acorraló contra el fregadero y allí mismo me violó (ya sabes que soy más bien pequeñajo y debilucho).

No obstante, mi vecina, en el fondo, es muy buena mujer; debió de arrepentirse un poco de lo que había hecho y, al poco rato de haber huido yo de su casa subió a la mía y, por debajo de la puerta (yo no me atrevía a abrirle), me soltó dos mil duros entre un rosario de disculpas y de palabras bienintencionadas.

El incidente me dio que pensar. Ya lo creo.

El resultado fue que, después de varias noches sin dormir, decidí que tampoco se pasaba tan mal y que, si me hacía un par de negocios cada semana, en medio año me compraba una Fender Stratocaster fabricada en Taiwan. La cosa, en un principio, no pasó de ahí.

Comencé una esmerada campaña de marketing promocionando mis cualidades y ocultando mis defectos. Soy muy sutil, ya sabes. En un principio sólo se trataba de guiños coquetos y roces casuales en un ascensor (sobre todo el de mi casa: aquí hay un montón de mujeres maduritas insatisfechas y forradas de pasta). Lo único que conseguí fue mucha indiferencia y un par de bofetadas que me dio la señora Fuensanta, una mujer cabal donde las haya. Cambié de zona. Me dediqué a las chicas del trabajo: Un desastre. Las pocas que, engañadas por un falso coqueteo (yo seguía con mi campaña de lanzamiento profesional), se avenían a tener contacto carnal conmigo se agarraron un cabreo inmenso (que, por otra parte, no alcanzo a entender) en cuanto les hablaba de las diez mil pesetas en que había fijado mi tarifa (y eso que, a alguna le ofrecí hasta un 20 por ciento de descuento). Me llamaron de todo. Más que nada: "jodío catalán de mierda". Ya ves tú. Llamarme a mí (A MIIII!!!) pesetero, cuando lo único que intentaba era desarrollar un pluriempleo digno.

Total, que ya no me pueden ver ni en mi casa ni en la oficina porque, como te puedes imaginar, las noticias vuelan y ya me han abierto expediente por conducta inmoral en la comunidad de vecinos y en el trabajo. La única salida que tengo es convertirme en un buen profesional del oficio más viejo del mundo ya que en el banco no tengo mucho futuro. Y ya sabes que, en Barcelona, el mejor sitio para aprender son Las Ramblas.

Mañana mismo empiezo a patearme el Barrio Chino a ver si pesco algo. Ya te contaré.