UN PASEO EN BICI

(uno de tantos...)

Sudor. El placer del esfuerzo físico. La bicicleta gime por todas sus articulaciones llenas de barro: ha llovido mucho últimamente. Quizá demasiado para estar de vacaciones.

Pero el campo explota en una sinfonía de verdes y marrones: los colores que peor distingo. No importa. Disfruto igual o, quizá, más. Quizá más porque me limito a contemplar lo que me rodea y no me atrevo a adjudicar éste o aquél color a un matojo o a un bosque cercano.

Disfruto del camino enroscado, difícil, lleno de piedras y que no me deja admirar a gusto el paisaje pues reclama toda mi atención para no dar con mis huesos en el suelo.

Disfruto cuando la senda es franca, lisa, la bici rueda sin esfuerzo y me enamoro más, si cabe, de esta infinidad de seres vivos que me rodean.

Esto es bosque mediterráneo. Típico bosque mediterráneo, dicen. Para mí es una maravillosa mezcla de figuras y olores. Los árboles se estiran, encogen, abarcan como quieren el espacio que les deja su vecino y esparcen aromas embriagadores. Huele a pino. Huele a encina. Y a roble, castaño, enebro, madroño o a acacia. Huele a todo a la vez. Y siempre hay olor a paz, porque la paz debe oler como huele aquí.

Un conejo; me mira y desaparece. Como siempre. También como siempre, me detengo a la altura de su último rastro. No sé por qué. Tal vez espero que algún día el bicho salga y entable una animada conversación conmigo. Pero no. Creo que no es eso. Supongo que adoro ese temor frágil, esa ternura miedosa y simpática que cuesta tanto de encontrar en un humano.

Pájaros. Siempre hay pájaros. Urracas, tordos, gorriones, cuervos, tórtolas, "cu-cuts"...¡Cómo los envidio! Son pequeños traidores que aletean con esa facilidad que tanto empequeñece nuestras ansias por imitarlos, por sentir la emoción incomparable de elevar el vuelo. De momento, nos tenemos que conformar con  volar en sueños.

Hoy, un gorrión ha huido de mí de una forma poco habitual. Normalmente, al ver a un bruto encima de una máquina que bota y rebota entre las piedras, los pájaros emprenden un asustado vuelo; sin más. Pero, esta tarde, he encontrado a mi amigo en el centro del camino y, cuando me acercaba a él, se ha limitado a mantener una distancia prudencial respecto a mí mediante saltitos bastante impropios y grotescos en un ave. Cuando ya empezaba a preguntarme si estaría herido, ha echado a volar suavemente, sin ruido, como diciendo con dulce ironía:

Adiós!!