Cabo de Gata 2009

Una vez más, cómo no, en el Parque Natural de Cabo de Gata
Como siempre nuestra estancia en la Posada el Ajillo se convirtió en algo especial:

Históricamente…¡falso!

Una noche, hace mucho tiempo, tuve un sueño extraño. Un antepasado mío, aunque por su aspecto podríamos decir que era un ancestro primigenio de toda Humanidad, se presentó ante mí con cara de malas pulgas.
Después de echarme una bronca de mil pares de narices por mi somnolienta indiferencia, empezó a contarme una extraña historia con ese lenguaje tan especial que, como bien sabéis, tienen todos los antepasados de este mundo.
Por supuesto yo intentaba pasar olímpicamente de él, recuperar el sueño y olvidar ese mal rato. No obstante, la curiosidad, el elevado tono de su voz y los continuos pellizcos en los muslos que el muy cabrón me propinaba a poco que intuía mi despiste, acabaron por captar mi atención.
La maldita aparición, con no poca mala leche, interrumpía su relato para insistir vehementemente, con gran algarabía de gestos y nuevos maltratos físicos y psíquicos, en que debía dar a conocer al mundo entero la historia que me estaba contando pues era absolutamente necesario para comprender el origen de la estupidez natural de los habitantes de este planeta y, así, evitar la grave amenaza de catástrofes y desgracias sin precedentes que se cernía sobre el género humano.
Abundaba en que, si no le obedecía, pensaba entrometerse en mis sueños cada noche de mi vida hasta que hiciese su voluntad. Le dije que se fuera a un sitio que no le debía gustar y me gané otro par de capones. Por listo.
En eso estábamos, él dando y yo cobrando, cuando, de improviso, sin causa aparente, desperté entre sudores fríos y unos extraños dolores musculares.
Miré el reloj: las 03:17 de la madrugada.
Me dirigí al excusado: oriné largamente como sólo se mea a esas horas.
Volvía a la piltra decidido a recuperar el descanso que el maldito intruso me había arrebatado. Pero sabía que era inútil. Allí estaba mirando al techo y temblando por si el abuelo aparecía de nuevo a darme la paliza. Así que me levanté, conecté el ordenador y empezé a teclear furiosamente los retazos de su relato que habían quedado grabados en mi mente.
Aquí os dejo el resultado.
Sólo espero que algún día regrese para contarme el final…

 

Historietas antiguas

Cortos desvaríos y perturbaciones variadas: